- Datos y opiniones sobre la soja, la reforma agraria en Paraguay y la destitución de Lugo.
- Para profundizar, ver documental de En Portada: La guerra de la soja (42 mn., al final del artículo)
Por: Fernando Gualdoni
La destitución de Fernando Lugo como presidente de Paraguay se comenzó a gestar desde el día en que asumió el poder en 2008. Aunque los paraguayos votaron el cambio tras más de 60 años de hegemonía del Partido Colorado (buena parte de ese tiempo como partido único durante la dictadura de Alfredo Stroessner), Lugo nunca llegó a tener un gobierno fuerte y su mandato siempre estuvo bajo la amenaza de los sables o de que el más rancio conservadurismo le serruchara el piso.
Todo el mundo conoce la razón oficial de la destitución: la muerte de seis policías y 11 campesinos durante un desalojo de un grupo de “sin tierras” en la hacienda del político y empresario “colorado” Blas Riquelme en Curuguaty, al noroeste del país. Sin embargo, detrás del triste incidente, no pocos ven los intereses del puñado de terratenientes y empresas que controlan el mercado de la soja, el “oro verde” sudamericano.
En un artículo publicado en el New York Times el pasado 2 de julio, Jeremy Hobbs, director ejecutivo de Oxfam Internacional, atribuye la caída de Lugo a que los hacendados no tolelarán ninguna reforma agraria en un país donde el 77% de la tierra cultivable está en manos del 2% de la población. Hobbs subraya tanto la concentración de la propiedad como del negocio en sí mismo, en manos de poco más de media docena de empresas como Cargill, Archer Daniel Middlands o Burge & Born. Añadido a esto, el peso de este cultivo a escala regional es apabullante: Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay y EEUU producen tres cuartas partes de la soja del mundo.
La soja, de origen asiático, fue introducida en América a principios del siglo XX y prácticamente fue un producto marginal hasta los noventa. En esa década sucedieron tres cosas que lo cambiaron todo y propiciaron el boom de la soja: La firma estadounidense Monsanto introdujo en el mercado una semilla de soja transgénica resistente a los herbicidas, el llamado mal de las vacas locas obligó a los países ricos a sustituir el pienso de origen animal por uno vegetal, y se disparó el interés por los biocombustibles. A esto se añade un cuarto elemento: el tirón de la demanda de China, gran productor y consumidor de soja. En definitiva, en menos de diez años se dio la ecuación perfecta: se abarató la producción a gran escala y se incrementó el hambre de soja.
Tras 20 años de crecimiento exponencial del cultivo de la soja han comenzado a sonar las alarmas: Hay un gran riesgo a la expansión del monocultivo, sobre todo en Paraguay y Argentina. Esta situación, tildada de “agrocidio” por muchos expertos, promueve una agricultura que a la larga destruye los ecosistemas, genera pobreza y desempleo para los pequeños y medianos agricultores, expulsa a la población local, y acaba por comprometer seriamente la seguridad alimentaria de los países productores.
La amenaza del ‘oro verde’ no es baladí. Hobbs sostiene que 100.000 pequeños y medianos productores paraguayos han tenido que migrar a las ciudades y que cada año 9.000 familias se ven desplazadas por el avance de la soja. El Fondo Mundial de la Vida Salvaje (WWF, en inglés) alertaba ya a mediados de la primera década del siglo que unos 22 millones de hectáreas de bosque y pradera habrán desaparecido en América del Sur para 2020.
El modelo económico agroexportador basado casi exclusivamente en la soja es una vuelta atrás que conlleva serios peligros. En primer lugar revive el sistema económico predominante desde mediados del XIX a mediados del XX en América Latina, es decir, el modelo de producción y exportación agrícola que generó la teoría de la dependencia y del intercambio desigual con los países ricos. Segundo, genera mayor desigualdad y pobreza en las poblaciones rurales y una desesperanza que más tarde se traslada a las grandes ciudades. Los responsables de alimentar y perpetuar este modelo no son solo los latifundistas y las grandes empresas del negocio, sino también la clase política que se beneficia de estas prácticas.
El tipo de enfrentamiento entre campesinos y las fuerzas de seguridad que permitió al Congreso paraguayo destituir a Lugo no es nuevo ni será el último. La cuestión es saber cuán lejos llegará la llamada “guerra de la soja” en América del Sur antes de que se derrame más sangre.
Tomado de Blogs de El País (9 de julio de 2012): La amenaza del “oro verde” (Fernando Gualdioni)
Sobre la destitución de Lugo, ver también
http://www.oxfamblogs.org/lac/paraguay-causas-y-efectos-de-un-golpe-institucional-parte-i/
http://www.oxfamblogs.org/lac/cronicas-de-un-golpeado-paraguay-parte-ii/
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