1. Las iniciativas innovadoras no deben limitarse a propuestas aisladas de departamentos o individuos especialmente motivados, la cultura de la innovación ha de permear al conjunto de la organización. La innovación es cosa de todos.
2. Pero es tarea de las instancias directivas mantener vivo el espíritu emprendedor y proveer los medios humanos y materiales necesarios, creando una “infraestructura de soporte de la innovación”. Innovamos todos, y los jefes los primeros.
3. Para sellar este “compromiso” con la innovación, es recomendable incorporar en los planes estratégicos de la organización iniciativas de mejora que puedan ponerse en práctica en el contexto de la cooperación. Si lo ponemos por escrito, mucho mejor.
4. Además, desde los puestos de responsabilidad se ha de tomar la iniciativa para fomentar y expandir una atmósfera proclive a la innovación, creando un entorno que motive a las personas y estimule su creatividad. Pensamos mejor si nos sentimos a gusto.
5. Y para que las buenas ideas no se queden en eso, en meras ideas, hay que establecer canales adecuados para que las personas puedan expresar y transmitir sus propuestas sin sentirse cohibidas. No están los tiempos para desaprovechar el talento.
6. Un momento. Antes de seguir, hay que recordar un aspecto fundamental, por si acaso: todo lo anterior no se nutre del aire. La organización tiene que dedicar una parte de sus recursos al fomento de la innovación. La innovación es una inversión de futuro, pero hay que invertir.
7. Y los esfuerzos no se limitan al ámbito material. El esfuerzo más decisivo es el de introducir día a día, casi a modo de riego por goteo, una nueva “forma de pensar las cosas”. Tenemos que visualizarnos como una organización innovadora.
8. A partir de un nuevo modo de pensar las cosas podremos ir consolidando nuevas maneras de hacer las cosas. Para conseguir resultados tenemos que ilusionarnos e implicarnos.
9. Y con la materia prima lista y la maquinaria engrasada nos pondremos en marcha para generar productos y servicios capaces de mejorar la vida de las personas. Lo que logremos será a su vez un excelente acicate para seguir agitando mentes creativas y emprendedoras. La innovación pone en marcha un círculo virtuoso enfocado al desarrollo.
10. Para terminar, una advertencia: no todo son parabienes. Innovar implica asumir el riesgo de equivocarse. Hay que evitar penalizar los fallos en exceso, es mejor repensarlos y tratar de positivizarlos. Demos una segunda oportunidad a los errores, el patito feo puede acabar convirtiéndose en cisne.
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Tomado de web de CIDEAL: Innovación, ¿quién dijo miedo?
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