Anticooperación

El manifiesto “Cooperación al Desarrollo S.A.” surge del malestar ante la apuesta de los gobiernos por un modelo de cooperación para el desarrollo que vacía de contenido la palabra “cooperación” y abre la puerta a nuevas formas de inversión empresarial. Se considera que los intereses de maximizar beneficios de las empresas transnacionales entran en conflicto con el desarrollo humano, sostenible y equitativo, y se denuncia en él los mecanismos con fondos públicos que generan anticooperación y terminan endeudando a los países del Sur Global. Así, al visibilizar este cambio de modelo y lo que supone para las pequeñas y medianas ONGDs con voluntad transformadora, se urge a pasar por la autosuficiencia económica, la concienciación en la calle y la movilización social a nivel local e internacional. Ante el modelo denunciado, se propone otro, enfocado en la persona y el planeta, y en conceptos como el buen vivir, la economía feminista y el decrecimiento del Norte Global.

Los firmantes del manifiesto les invitan a unir su firma a este manifiesto.

Compartimos la campaña de adhesiones al Manifiesto “Cooperación S.A”. Para firmar solo hay que seguir el siguiente enlace (http://bloc.odg.cat/?lang=es).

Resumen del manifiesto

Manifiesto completo

Tomado de Movimientos Sociales y Cooperación Crítica:  Compartimos la Campaña de adhesiones al Movimiento “Cooperación al desarrollo S.A.”

MIGUEL ÁNGEL CRIADO | 23/5/2014

Tomado de cuartopoder.es: La desigualdad es hoy mayor que durante el Imperio romano

A finales del siglo II de esta era, el 1,5% de los romanos acaparaba el 20% de la renta del Imperio. Hoy, en Estados Unidos, el 1% de la población dispone del 20% de la renta nacional. Casi 2.000 años de progreso y la desigualdad entre ricos y pobres, en vez de acortarse, ha aumentado. Ese y otros muchos datos es lo que arroja una edición especial de la revista Science sobre el origen, evolución y futuro de la desigualdad. La sensación final es que, con el sistema actual, la brecha no se cerrará.

Con ingentes cantidades de datos, registros de impuestos que se remontan al siglo XVIII o los últimos hallazgos arqueológicos, decenas de economistas, historiadores y hasta físicos han puesto el ojo científico sobre el fenómeno de la desigualdad. El resultado es una decena de estudios publicados por la revista científica más prestigiosa y poco dada a dejar hueco a la política o la economía en sus páginas. Sus conclusiones desmontan unos cuantos mitos sobre el supuesto progreso de la civilización humana.

El trabajo central sobre el que orbita el especial es la revisión que hace el economista francés Thomas Piketty de la evolución de la desigualdad en Estados Unidos y Europa desde finales del siglo XIX. Famoso por su libro Le capital au 21e siècle (El Capital en el siglo XXI, no editado aún en español), Piketty ha reunido una treintena de investigadores para realizar la más completa historia económica de los últimos siglos basándose en los datos de los impuestos de 25 países desarrollados, entre ellos España.

Su ejercicio de Big Data les ha permitido demostrar que el avance económico no reduce la desigualdad, sino que la aumenta. En cuanto a la renta, antes de la I Guerra Mundial, el 10% de la población europea tenía entre el 45 y el 50% de la renta nacional. En Estados Unidos, había entonces más igualdad. El top 10 acaparaba el 40% de la renta. Con datos de 2010, el 10% de los estadounidenses dispone de casi la mitad del total. Los más ricos entre los europeos contaban con el 35%. Para Piketty, este descenso es una anomalía en la tendencia debida a las dos guerras que asolaron Europa.

En cuanto a la riqueza, entendida como capital acumulado, la desigualdad es aún más marcada. En Estados Unidos, el 10% de la población posee el 70% de la riqueza, el mismo porcentaje que hace 100 años. En Europa las cosas han mejorado. Del 90% poseído por el 10% más rico se ha pasado al 65%. La diferencia se debería a la emergencia de una clase media adinerada. Lo que no cambia es que más de la mitad de los ciudadanos de ambas orillas del Atlántico se tienen que conformar con el 5% de la riqueza.

El gráfico muestra el porcentaje de renta obtenido por el 10% más rico de EEUU entre 1913 y 2012. / Alvaredo, Facundo, Anthony B. Atkinson, Thomas Piketty and Emmanuel Saez (topincomes.gmond.parisschoolofeconomics.eu)

Sobre esta base, Piketty y sus colegas vaticinan que la desigualdad en los países más desarrollados aumentará en este siglo. Y lo hará porque,  mientras los rendimientos del capital se mantendrán entre el 4% y el 5%, como ha sido la constante en los últimos 100 años, la tasa de crecimiento se quedará entre el 1% y el 1,5%. Así que la brecha entre capital y renta seguirá creciendo a no ser que, como postula el economista francés, se imponga algún tipo de tasa mundial al primero.

La paradoja de la educación

Considerada tradicionalmente la herramienta más eficaz para combatir la desigualdad, la educación estaría creando nuevas desigualdades. Esa es la provocadora conclusión de otro de los estudios que componen el especial de Science. Su autor, el economista del Instituto Tecnológico de Massachusetts David Autor, muestra como en las últimas décadas ha surgido una especie de clase supermedia. El fenómeno es especialmente evidente en Estados Unidos.

Relacionado con la revolución provocada por la tecnología, en especial la informática e internet, la distribución de los ingresos entre el 99% de la población menos rica se ha diversificado hasta crear grandes diferencias marcadas por la formación.

Los universitarios estadounidenses, por ejemplo, ganan hoy el doble más de lo que ganaban en 1979 en comparación a los ingresos de los que se quedaron en los estudios secundarios. Y el fenómeno es extrapolable al resto de países desarrollados. Un análisis con 12 naciones miembros de la OCDE muestra que la diferencia entre lo que gana el 10% de los mejor pagados frente al resto ha crecido entre el 25% y el 100% en los últimos 30 años.

En el caso de los países en desarrollo hay una doble desigualdad: dentro de cada uno de ellos y  respecto de los países ricos. A pesar de algunas mejoras absolutas, la brecha relativa se ha acrecentado en ambos casos en la mayoría de las naciones menos desarrolladas.

Martin Ravallion, de la Universidad Georgetown de Washington hace una revisión de los últimos datos. La reducción de los casos más extremos de pobreza absoluta no sirve para compensar hechos en principio sorprendentes: La región de América Latina es de la que más ha acortado su distancia con el primer mundo. Sin embargo, la desigualdad dentro de cada país ha crecido en ocasiones hasta en un 50%.

Pero lo más descorazonador es que este trabajo desmonta otro mito. Desde que comenzó el siglo, el mundo en vías de desarrollo ha experimentado tasas de crecimiento económico que para sí quisieran los más ricos. Sin embargo, y en contra de la ortodoxia que vincula crecimiento y reducción de la pobreza, Ravallion ha encontrado una correlación pequeña pero negativa entre ambos. A más crecimiento, mayor pobreza y desigualdad. Como se preguntaba el editorial deScience, ¿acaso es inevitable la desigualdad?

Esta entrada ha sido escrita por nuestro colaborador Miquel Carrillo (@miquelcarr).

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Un trabajador durante las limpiezas del vertido de Texaco en la Amazonía ecuatoriana. Foto: CB24.tv

Pablo Fajardo lleva casi veinte años litigando contra Chevron, antes Texaco, por sus abusos y delitos ambientales en la Amazonía ecuatoriana. Es uno de esos casos que da la sensación de que nunca van a acabar: cuando la justicia del país andino parece haber dictado sentencia firme y obligado a pagar 19.000 millones de dólares a la petrolera norteamericana, su equipo de más dos mil abogados encuentra un nuevo resquicio para eternizar el caso y no hacer frente a sus obligaciones. Durante su gira por España, en febrero pasado, pudimos ver que había algo que indignaba especialmente a este incasable abogado: ‘La empresa está ahora apelando al Tratado Bilateral de Inversiones (TBI) que tienen Ecuador y EE.UU. para saltarse la sentencia de los tribunales ecuatorianos, aunque la corte de Nueva York donde empezó el proceso reconoció la capacidad de estos y su jurisdicción absoluta al remitirles el caso. ¡Y eso que la firma del TBI es cinco años posterior al cese de las actividades de Chevron en Ecuador!’

Si nadie lo remedia durante el proceso de negociación o en el momento de aprobarlo, cuando el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y Estados Unidos (TTIP, por sus siglas en inglés) entre en funcionamiento, dispondrá de una instancia de arbitraje similar a la que tiene el TBI y el resto de acuerdos bi o multilaterales de comercio, que permitirá a las empresas dirimir sus diferencias directamente con los Estados donde inviertan, si estiman que no han recibido un ‘trato justo y equitativo’, como suele estipularse en la mayoría de ellos. Por lo visto en Ecuador, ya pueden hacerse una idea de qué va el asunto. En este caso no se trata de una hipótesis alarmista sin más asideros: existen decenas de casos similares en el mundo, en los que el sistema judicial o la capacidad de legislar de estados soberanos está siendo laminada por acuerdos internacionales, que dan una protección especial a las inversiones extranjeras, saltándose los sistemas judiciales propios y condicionando la leyes y políticas públicas.Y no, no se trata de países de los que pueda dudarse de su madurez y solvencia democrática: Alemania fue demanda en 2009 por la multinacional Vattenfall por 1.400M € por las restricciones ambientales impuestas a una central de carbón y el caso se resolvió fuera de los tribunales, cuando los germanos aceptaron ‘adaptar’ su normativa ambiental. Después de que Quebec impusiera una moratoria al fracking, Canadá ha sido demanda por 250.000M€ por Low Pine.

Como confesaba el árbitro español Juan Fernández Armesto, “nunca deja de sorprender(me) que Estados soberanos hayan aceptado el arbitraje de inversiones [...]. A tres particulares se les concede el poder de revisar, sin ningún tipo de restricción o procedimiento de apelación, todas las acciones del Gobierno, todas las decisiones de los tribunales y todas las leyes y reglamentos que emanan del Parlamento”Como denuncia el Transnational Institute, lo que sucede es que se ha creado una industria muy lucrativa alrededor del arbitraje comercial, que infla de manera interesada e injustificada la necesidad de dichas instancias parajudiciales, que garanticen que el creciente flujo de inversiones a escala mundial se mueve en un ambiente totalmente favorable.

Pues eso es, por si no lo saben, un asunto que tratará el próximo Parlamento europeo, el que salga de las urnas el 25 de mayo. A él le tocará ratificar o no el acuerdo que se le presente, gracias a las atribuciones que le da el Tratado de Lisboa. Como tantas otras cosas de nuestra vida cotidiana, que exista o no un paraíso a medida de los intereses económicos oligopólicos, al margen de los dos sistemas judiciales más potentes del mundo, depende de Europa. Piense en lo que ha costado conseguirlos como para que ahora, americanos y europeos, los entreguemos en bandeja de plata al mejor postor, con la manida e improbable excusa de salir de la crisis.

Tomado de blog 3500 millones de El País (20 de mayo de 2014):  ¿Multinacionales o democracia? Europa decide