Cooperación

Paul Ortega (Bilbao, 1967) ha trabajado  en su dilatada carrera en materias de innovación, internacionalización y cooperación al desarrollo, tanto desde asociaciones como Unesco Etxea, Pax Romana o Innobasque, como para el Parlamento europeo y la OCDE. Actualmente es el director de la Agencia Vasca de Cooperación para el Desarrollo, organismo dependiente de la Presidencia del Gobierno vasco. Reconoce que todas  las instituciones vascas incumplen el mandato legal de destinar el 0,7% de sus presupuestos a este tipo de ayuda, pero espera que el Ejecutivo de Urkullu alcance ese nivel en esta legislatura.

Se nota que fue secretario de la coordinadora de ONGs que trabajan en la ayuda al desarrollo -“tiene que ser nuestro aliado estratégico”, resalta- pero quiere mirar más allá. Su principal ambición no pasa solo por los presupuestos -la “transferencia de fondos” para proyectos de ayuda, como señala él-, sino por sumar a la cooperación a cuantos más actores sea posible. “Tenemos que incorporar a Osakidetza, a todos los entes que tenemos en agricultura, a las políticas sociales del cuarto sector y de la economía social. Incorporar al mundo educativo, a la universidad y a la Formación Profesional”, enumera. Reconoce que en el tema de crisis humanitarias y de procesos migratorios, “la situación es tremenda” inédita en la historia. Y es muy crítico con las políticas europeas en materia de inmigración y de refugiados: “no hay una mirada a largo plazo”, censura.

Lo primero que hay que constatar es que han sido unos años muy malos para los presupuestos públicos en materia de cooperación al desarrollo.

La cooperación vasca al desarrollo tiene un potencial increíble, y el tema del cuánto se invierte es fundamental, pero hay más cosas. El estudio de Intermon Oxfam sobre las ayudas a la cooperación, pese a la bajada producida, señala que los únicos sitios en donde sigue viva la antorcha de la cooperación son Euskadi y Andalucía. Entre ambas comunidades estamos poniendo el 50% de los fondos de cooperación al desarrollo descentralizada española.

Bueno, el Ayuntamiento de Vitoria fue referente con el 0,9% y ahora se ha desmantelado hasta quedar en el 0,06%.

Ha sido el año que no ha habido acuerdo presupuestario. El factor Javier Maroto [exalcalde popular de la capita alavesa], muy especial en otros aspectos como las ayudas sociales y todo el debate de la RGI, también lo es en esto.

La Ley vasca de Cooperación al Desarrollo, de 2007, recogía como obligación para las instituciones llegar a 0,7% de sus presupuestos para esta materia en 2012. Ninguna institución lo cumple a día de hoy.

No voy a negar esa realidad. Esto se ha incumplido y hay que reconocerlo. Pese a eso hay una cosa muy positiva, los discursos de todo el mundo en el Parlamento, incluido el PP, están a favor del 0,7%. Nadie ha puesto en cuestión ese objetivo, como ha ocurrido en otras partes del Estado. Tenemos un plan director 2014-2017 en el que se demuestra que la política de cooperación es una política pública y que se apuesta por ella, donde se marcan una serie de previsiones presupuestarias, lejos aún del 0,7%, es verdad, pero al alza. El horizonte debe ser el 0,7%, según sea posible.

Desde fuera parece que la cooperación al desarrollo, más que una inversión, es un gasto superfluo, partidas que enseguida pueden ser adelgazadas en un presupuesto.

La cooperación ha dejado de ser una ‘maría’. Hemos tenido un modelo de cooperación con dos señas de identidad claras: fondos públicos por las instituciones y un grupo de actores ONGs ejecutando esos presupuestos. Es un modelo que ha funcionado bien, las primeras ayudas se dieron en 1985, y el enfoque de la cooperación es muy progresista en relación al género, derechos humanos, etc. Es un modelo propio de cooperación todavía en construcción. Y ahora toca incorporar más actores a la cooperación. Nosotros no podemos pensar solo en transferencia de fondos, que es importante. En Euskadi tenemos institutos, entes públicos, políticas sociales, medioambientales, agrícolas, tecnológicas que debemos ser capaces de incorporar a la cooperación. Las ONGs siguen siendo claves, pero hay que trabajar en otros proyectos donde lo único relevante no sea solo la transferencia de fondos, los presupuestos. Tenemos que incorporar a Osakidetza a la cooperación, pero también a los entes que tenemos en agricultura, a las políticas sociales del cuarto sector y de la economía social. Incorporar al mundo educativo, a la universidad y a la Formación Profesional. Algo ya se ha hecho, pero hay que profundizar más. Y eso facilitará llegar al 0,7%. La coordinadora de ONGDs tiene que ser nuestro aliado estratégico, pero ahora toca repensar la cooperación y reflexionar hacia dónde la queremos llevar y ver el valor añadido y diferencial de una cooperación pequeña como la vasca.

¿Y dónde queda la ciudadanía en ese debate?

Tenemos una serie de retos, la ciudadanía ya no está tan volcada en la cooperacion, hay que recuperar a la ciudadanía. El mundo está complejísimo. Ya no valen los proyectos de hace 20 años, lo pobres del mundo no están en los países pobres, están en los países de renta media.

Es verdad que la Agencia ha hecho un esfuerzo, pero no se ha librado de los recortes. Entre 2009-2012 se estabilizó en el 0,49%, pero en 2015, pese a la subida presupuestaria, está en el 0,37% (40 millones, frente a los 51 millones del periodo anterior).

Encabezamos el ranking en el Estado a una distancia abismal.

¿Para cuándo van a recuperar los 51 millones?

Tenemos que intentar llegar ya.

¿En esta legislatura?

Tendríamos que intentar llegar al 0,7% en esta legislatura, sí. Soy un absoluto convencido del 0,7%.

Sería una prueba de que el lehendakari se cree esto de la cooperación si en los próximos presupuestos se consigna ese porcentaje para la Agencia.

El lehendakari se cree mucho lo de la cooperación, también el Gobierno. El problema es que en los Presupuestos hay un porcentaje de saque que ya está previsto para abrir las escuelas, los hospitales, etc. El margen para decidir es pequeño, y con una RGI cada vez creciendo más.

Eso pasa en todos los Presupuestos, pero del 2009 al 2012, pese a la crisis, se hizo ese esfuerzo de mantener el 0,49%.

Reconociendo que hemos incumplido el 0,7% y rebajamos un año los fondos, no se puede obviar la evolución de la RGI, que es un derecho subjetivo, ni la obligación del cumplimiento del déficit. Y esto no es una excusa. Igual no es para compartirlo, pero sí para contextualizar cómo se definen las partidas en unos Presupuestos.

Paul Ortega, tras la entrevista en Bilbao.

Paul Ortega, tras la entrevista en Bilbao.

Una de las señas de identidad de la cooperación vasca ha sido la sostenibilidad de los proyectos en el tiempo. Se ha bajado el número de proyectos por ONG sensiblemente: de 25,7 proyectos de media en 2010 a 15,1 en 2015. Lo que había motivado el abandono de zonas en África y Asia.

En los proyectos que se han aprobado siempre se ha mantenido el apoyo, en general la segundas y terceras fases van hacia delante. Y ese dato que dan las ONGs es verdad, pero también hay un grupo de ONG, muy plurales, de seis a ocho, que cada vez tienen más proyectos, llegando incluso al tope de financiación pública. Tenemos que consolidar la cooperación con África, que debe ser una gran prioridad. En el plan aprobado el año pasado hemos subido del 20% al 25% los fondos que tienen que ir para ese continente. El problema es que tenemos muy buenos proyectos para África, pero no muchos y muy buenos proyectos. A veces tenemos que sacar la línea de corte de puntuación para África por debajo de la media para llegar a ese porcentaje. En América Latina hemos estado muy centrados y debemos abrir una reflexión también ahí. Por ejemplo, el país que más fondos ha recibido ha sido Perú, ¿es realmente el país que peor está?

Europa se está llevando las manos a la cabeza por lo que está pasando en el Mediterráneo, un auténtico cementerio donde en los primeros siete meses han muerto 2.000 personas, o ahora con la crisis en Calais.

Nuestra capacidad de respuesta, en la Administración, no es rápida para la ayuda humanitaria. Estamos pensando junto a otras instituciones la posibilidad de crear un fondo vasco para actuar con más inmediatez. Nuestra ayuda humanitaria ha ido a proyectos en Siria, República Centroafricana, Sudán del Sur y, por supuesto, Gaza. Y luego tenemos una segunda línea de ayuda humanitaria que denominamos estratégica, para campos de refugiados, etc, proyectos que pueden durar dos años, más a largo plazo. La reflexión abierta también incide ahí: no solo dónde vamos con nuestros proyectos de cooperación, sino qué instrumentos habilitamos para la cooperación. Nunca en la historia hemos tenido tantas crisis humanitarias abiertas a la vez; hasta siete, según Naciones Unidas: República Centroafricana, Sudán del Sur, la crisis del Ébola, Gaza, Nepal, Siria, Yemen.

El proyecto europeo nació por el horror a la barbarie de la guerra mundial y a los totalitarismos y creció con un enfoque absolutamente social tras la alianza entre la socialdemocracia y la democraciacristiana, y estamos perdiendo la identidad de lo que fue Europa.

¿Eso es insostenible, no?

Lo es. El mundo está menos mal que antes, hay mayor crecimiento, países de África y Asia que están mejorando en un montón de indicadores, pero a la vez en el tema de crisis humanitarias y de procesos migratorios la situación es tremenda. La situación de violación de los derechos humanos en la frontera de Melilla que alguna organización como CEAR ha podido constatar en un viaje con parlamentarios, cómo están las mujeres en los pasos fronterizos, ahora Calais, en Hungria, el Mediterráneo…

Al final, olvidarse del sur tiene sus consecuencias en el norte, un ‘efecto boomerang’ en los países del primer mundo. Me gustaría que hiciera una reflexión sobre la respuesta de Europa, de la Comisión, etc: cierre de fronteras, endurecer el acceso de los inmigrantes, levantar vallas, privatizar la seguridad…

Qué vamos a hablar nosotros del proceso de migraciones, desplazados y refugiados tras la Segunda Guerra Mundial. Yo me llamo Paul porque mis tíos fueron de los niños vascos que mandaron a Bélgica y uno de mis tíos, que luego fue mi padrino, se quedó allí. Que Europa se olvide de eso, de su compromiso, cuando sigue siendo el primer lugar en renta percápita del mundo, tiene un índice de natalidad bajísimo y es evidente que necesita inmigrantes, en fin. El proyecto europeo nació por el horror a la barbarie de esa guerra y a los totalitarismos y creció con un enfoque absolutamente social tras la alianza entre la socialdemocracia y la democraciacristiana, y estamos perdiendo la identidad de lo que fue Europa. Al final podemos acabar teniendo un muñeco que ni sabemos por qué lo creamos, ni qué soluciones tenía que dar dentro y fuera de Europa.

De momento, las soluciones inmediatas a los problemas de los inmigrantes y refugiados no casan con ese planteamiento que dio origen al concepto político de Europa.

Es una contradicción, por un lado la Unión Europa, la Comisión es la primera donante del mundo de largo en cooperación al desarrollo, pero por otro lado no está articulando bien la situación entre los miembros más pobres y más ricos, y ahí lo ocurrido con Grecia es evidente. Y luego no lleva como debiera su relación con los países de vecindad común. No hay una mirada a largo plazo. Y no nos engañemos, ¿de dónde vienen todos los que están esperando en Calais para llegar al Reino Unido? De Libia, Afganistán, Somalia, Siria, Kurdos, de la centroafricana… países en conflicto. Los problemas de pobreza se dan la mano con los conflictos. Y todo esto es lo que está poniendo en peligro la estabilidad y el desarrollo y está generando todos estos proceso migratorios.

Una política cortoplacista, como usted señala, que condena a la pobreza a los más vulnerables.

Claro. Todos los proyectos que nos están llegando de ayuda humanitaria son de países en conflicto: Gaza, Siria, Congo… Alguna vez tenemos casos de ayuda para paliar un tifón, pero casi todos son de países en conflicto. La actuación global tiene que ir por ahí: políticas de cooperación al desarrollo y de ayuda humanitaria, pero también políticas de estabilidad de todos esos países en conflicto. Y Euskadi tiene que estar conectada emocionalmente con toda esa realidad. Se ha acabado eso del dentro y fuera, lo que pasa allí va con nosotros, la interconexión de los problemas es general, por eso nuestra política vasca de cooperación debe ser absolutamente abierta y debe romper ese círculo de ayudamos a los de fuera, y, claro, también cada vez más conectada con nuestras políticas sociales y educativas. No solo hacer proyectos, que también, sino generar un modelo en el que nuestras instituciones sean también solidarias, y ese elemento de solidaridad esté presente en todas sus actuaciones.

Tomado de eldiario.es (7 de agosto de 2015): “Nunca en la historia hemos tenido tantas crisis humanitarias abiertas a la vez” (Entrevista con el director de la Agencia Vasca de Cooperación al Desarrollo)

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) abrirán una nueva era, ampliando el ámbito de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) —de la lucha contra la pobreza al desarrollo sostenible—, y estableciendo una agenda para todos los países, desarrollados, emergentes o en desarrollo.

En esa nueva etapa, la política de desarrollo tendrá como misión hacer frente a los desafíos globales. Con instrumentos y actores nuevos. Con una mejor comprensión de los procesos de desarrollo. Y para ello (y para resolver sus problemas internos) habrá de renovarse.

¿Está la Cooperación Oficial Española (aquella gestionada por la Administración General del Estado) lista para el cambio? Para los que la conocemos bien, la respuesta es que no, no lo está. En sus ya más de 25 años, ha evolucionado, pero no lo suficiente. La adhesión de nuestro país al consenso internacional ha ayudado a mejorar el diseño de la política de cooperación (los tres últimos Planes Directores y las estrategias sectoriales), pero el balance final es pobre en cambios reales, tanto en la consecución de objetivos políticos como en la gestión de la ayuda. No se ha conseguido, por ejemplo, culminar una más que necesaria reforma de la Agencia Española de Cooperación  Internacional para el Desarrollo (AECID) para convertirla en una organización más profesional y con una gestión moderna basada en los resultados, la descentralización, el conocimiento y la transparencia. Encerrada en sí misma, apenas ha cambiado a lo largo de los años en su estructura, en sus procesos de toma de decisión, y en el perfil de sus profesionales. Los peer reviews del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) nos señalan lo que queda por hacer.

¿Qué cambios requiere la Cooperación Oficial Española (COE) para responder a los nuevos retos?

  1. Pasar de una política de cooperación a una de desarrollo sostenible. Lo que supone ir más allá de la simple gestión de la ayuda.Implica participar desde una posición no subalterna en el debate sobre el impacto de otras políticas en nuestros países socios. Hace necesaria una intensa labor de coordinación entre políticas y actores que, para ser efectiva, necesita liderarse desde una posición distinta a la actual. Requiere por tanto abrir un debate sobre la naturaleza, funciones, rango y ubicación administrativa de los órganos rectores de la COE.
  2. Pasar de una acción con una pobre gestión del conocimiento a otra en la que el conocimiento sea esencial para construir posiciones, para mejorar la calidad de las actuaciones (evaluaciones, aprendizajes), y para darles contenido (intercambio/cogeneración de conocimientos). Se trata tanto de generar y gestionar conocimiento interno, como de adquirir y utilizar el externo.
  3. Pasar de una estrategia geográfica tradicional a otra basada en los principios de diferenciación y concentración. La COE no ha conseguido aún establecer claramente la diferenciación de objetivos según el contexto de desarrollo de nuestros países socios. América Latina sigue siendo una prioridad, pero falta por definir con claridad una nueva agenda. La COE debería concentrar la mayor parte de la ayuda en los países más pobres de África, y sumarse allí a la acción concertada de otros donantes.
  4. Pasar de la inercia a una estrategia de canalización de la ayuda más clara: se trataría de potenciar la actuación bilateral, haciendo más hincapié en el diálogo de políticas; contar con una cooperación multilateral más estratégica, que permita participar e influir en los debates globales, e incrementar la acción humanitaria, fortaleciéndola y profesionalizándola.
  5. Pasar de una cooperación encerrada en sí misma, a otra más abierta, activa e influyente en el entorno internacional. Hay que fortalecer la relación y los intercambios con los donantes tradicionales -especialmente en la UE- y con los emergentes –sobre todo en América Latina-. La COE debe mejorar la calidad de su participación y su influencia en los foros internacionales, seleccionando ámbitos del desarrollo en los que pueda construir posiciones propias.
  6. Pasar de una COE con presupuesto bajo mínimos a otra con crecimiento y estabilidad presupuestarios. Crecimiento para que nuestra actuación pueda ser relevante, y no marginal, para tener mayor influencia a nivel internacional y ser reconocido como un socio comprometido con el desarrollo. Estabilidad para poder llevar a cabo con garantía y sostenibilidad las reformas internas necesarias y ser un actor con credibilidad en el exterior. Además de estos cambios en la política de desarrollo, son necesarios otros en el órgano principal de gestión de la ayuda.
  7. Rediseñar la AECID para que pueda responder a los nuevos retos, que no consisten sólo en gestionar subvenciones de cooperación. ¿Será necesario un nuevo mandato para la agencia e incluso un nuevo modelo jurídico? Se requiere en todo caso una organización:
  • Con mayor autonomía y flexibilidad en la gestión.
  • Más profesional: incorporando nuevos profesionales de ámbitos hasta ahora no suficientemente cubiertos, abriendo espacios a la diáspora; y mejorando los sistemas de selección, especialmente del personal directivo, de acuerdo con los principios del mérito, capacidad y transparencia.
  • Con una mayor responsabilidad y rendición de cuentas de sus directivos desarrollando para ello un sistema de evaluación del desempeño.
  • Con una gestión más descentralizada, dando mayor responsabilidad a las unidades en el exterior, como hicieron hace tiempo otros donantes.
  • Con una gobernanza más transparente y participativa, dando por ejemplo entrada en su órgano de gobierno a miembros independientes de la sociedad civil o del mundo académico, como hace la cooperación francesa.
  • Con una actuación más coherente con su misión, descargándola de funciones como la promoción de la cultura española en el exterior, o eliminando las subvenciones a entidades que no realizan actividades de desarrollo.
  • Que concentre la gestión de los fondos de cooperación oficial para el desarrollo de la Administración General del Estado. Aunque la AECID es la organización del sistema español con mayor estructura y experiencia, apenas gestiona el 20% de la AOD.
  • Que integre a las dos organizaciones de gestión de la cooperación de la Administración Central, fusionando la AECID y la FIIAPP, en un proceso similar al realizado por el sistema alemán, para unir competencias y experiencias de ambas instituciones en favor de una COE más vertebrada y más fuerte.

La COE necesita cambiar, romper con la inercia. Las grandes cooperaciones han progresado combinando compromiso político constante y competencia técnica. Es hora de que la COE lo haga también. Contamos con la competencia técnica. ¿Querrán los próximos responsables políticos aprovechar la oportunidad que nos dan los ODS?

Beatriz Novaleses excoordinadora de la unidad de planificación, eficacia y calidad de la ayuda (UPEC) en AECID.

Juan López-Dóriga es exdirector AECID.

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Tomado de Planeta Futuro, de El País (17 de julio 2015): Los ODS, una oportunidad de cambio para la cooperación española

Cuatro nombramientos para coordinador/a de Oficinas en el exterior ponen de manifiesto la influencia del Partido Popular en la Agencia

A la alta dirección de la AECID y de vuelta a la Administración regional del Partido Popular. O directamente a la alta dirección, sin especial experiencia previa en el sector. Son los patrones que se han repetido en los nombramientos de los coordinadores de la Oficina de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) a lo largo del último año. Y que están calentando los ánimos de los trabajadores de la Agencia mucho más que la ola de calor. Si han presentado sus denuncias a la Agencia, están viendo ahora cómo la política tenga un factor cada vez más relevante en los nombramientos de los altos cargos.

Este periódico ha podido verificar cómo entre los cuatro coordinadores nombrados en 2014 se encuentra personal con escasa experiencia en Cooperación y fundada cercanía a gobiernos regionales del Partido Popular que ha llegado al lugar más importante de la Cooperación española en el exterior, la jefatura de Oficina Técnica de Cooperación (OTC).

Se trata de la plaza que pone cara a la presencia española en un territorio. A cargo del erario público, es el puesto de mayor responsabilidad para quien trabaje para la Cooperación española fuera del territorio nacional. Sin embargo, la experiencia en Cooperación Internacional no parece ser el aspecto más importante para poder acceder a la plaza.

De España al mundo, y de vuelta

Pablo Gómez Tavira acaba de sumarse al equipo de Gobierno de la Comunidad de Madrid. De ese mismo Ejecutivo había salido el 6 de febrero de 2014 tras ocupar la Dirección General de Inmigración del antiguo ‘capo’ de la Sanidad madrileña, Fernández Lasquetty. Aseguró ante los medios que dejaba el cargo por “motivos personales”. Ese mismo día, la AECID publicó la convocatoria para la plaza para Coordinador General de la Cooperación en Colombia.

Tavira llevaba en el cargo desde 2011, pero a las portadas de los medios había saltado antes. Junto a otros dos subordinados del consejero de Sanidad, Percival Manglando y Gustavo Galiani, había aparecido en las grabacionespoliciales del caso Gürtel como receptor de regalos de la trama corrupta.

Con el nuevo Gobierno de Cristina Cifuentes, Gómez Tavira ha vuelto a Madrid, según consta en el Boletín Oficial de la Comunidad. Su trabajo como director general en Colombia ha durado un año.

Contactado por este diario, Tavira asegura haber trabajado “como cooperante en México durante un año y también en períodos cortos veraniegos en Ecuador y Bolivia”, además de ser “Máster en Cooperación internacional por la Universidad de Comillas” y haber sido “coordinador de ese mismo máster durante dos cursos”. Sobre la vuelta a la Comunidad, asegura a que se debe a la posibilidad de implicarse “en un proyecto muy interesante relacionado con mi perfil y experiencia profesional”.

En la AECID no es ningún secreto que los gobiernos aprovechen para ‘colocar’ a personas cercanas como Coordinadores. El problema es el proceso de selección.

Dentro de la AECID no es ningún secreto que los diferentes gobiernos hayan aprovechado para ‘colocar’ a personas cercanas como coordinadores. El problema que destacan las personas consultadas -que por medio a represalias y ante la falta de mecanismos de denuncia prefieren mantener el anonimato- se reduce al proceso de selección, que brilla por su opacidad. Tras una selección de Currículums, se realizan unas entrevistas a las que se accede por encajar en los amplísimos requisitos. Entre ellos se incluyen unos méritos específicos en las convocatorias publicadas en el BOE. El primero es “experiencia profesional en el ámbito de la cooperación al desarrollo”.

Por ser alta dirección, su salario ronda los 4.300 euros netos al mes, pero va acompañado de una serie de beneficios debido a la actividad fuera de España. El primero de ellos es el pasaporte diplomático, al que cabe añadir el pago por arrendamiento del 100% de la vivienda. “Los nombramientos de este año parecen planteados para cargarse años de política de Cooperación”, destaca un trabajador de la Agencia.

Foto: Gonzalo Robles durante la firma de un acuerdo de Cooperación entre España y Nicaragua.

Gonzalo Robles durante la firma de un acuerdo de Cooperación entre España y Nicaragua

Conexión ‘popular’

A este estándar accedió también la recién nombrada directora general de Empleo del Gobierno de La Rioja, Cristina Salinas García. Su currículum en la web del Gobierno riojano no destaca por la experiencia en cooperación, con la excepción de su anterior puesto en la región como responsable de Acción Exterior (2008-2011).

En julio de 2014 Salinas ha sido nombrada Coordinadora de la OTC de Marruecos. Una plaza históricamente clave para las relaciones exteriores de España que, sin embargo, Salinas ha abandonado hace menos de un mes para volver a Logroño y ocupar el nuevo cargo. Este periódico ha intentado, sin éxito, contactar con ella para comentar los hechos. Salinas ni siquiera cumplió un año en Rabat.

También de La Rioja salió el nombramiento de Juan Antonio del Pozo Irribarria, coordinador para Uruguay desde el verano del año pasado. Tras el cierre de las OTC de Chile, Brasil y Argentina, se ha centralizado en Montevideo el control de la cooperación regional.

El nuevo coordinador había destacado en el Plan Nacional sobre Drogas. Licenciado en Psicología, tuvo una brillante carrera en este sector, tanto que en 1999 –año en el que se presentaba en el puesto 26 de la lista ‘popular’ al gobierno riojano– ganó una Cruz Blanca de La Orden al Mérito del Plan Nacional Sobre Drogas. Se la otorgó Gonzalo Robles, entonces delegado del Gobierno para el Plan Nacional Sobre Drogas y hoy secretario general de Cooperación Internacional para el Desarrollo, es decir, máximo responsable de la AECID. Irribarría fue a su vez, entre 2005 y 2006, delegado del Plan Nacional Sobre Drogas.

La experiencia en el sector de drogas le llevó, según atestigua en su perfil de la red social LinkedIn, a trabajar en proyectos de Cooperación relacionados con las drogas en América Latina mientras era responsable del Sector en el Gobierno de La Rioja. Un dato que, sin duda, habrá interesado la comisión que confirmó su nuevo cargo en Uruguay.

Ya no en La Rioja, sino otra vez en Madrid, ha levantado ampollas también el nombramiento de Javier Goizueta Figar, primo de Lucía Figar, exconsejera de Educación de la Comunidad. Más allá del ilustre apellido, lo que llama la atención de Goizueta Figar es su acreditada experiencia profesional en Cooperación, tanto en cuanto a formación como a cargos desempeñados. Ocupó el cargo de director general de Cooperación en la misma comunidad que la exconsejera involucrada en la trama Púnica.

Noticia y foto tomadas de El Confidencial (30 de julio de 2015):

Políticos vs. técnicos: los nombramientos más polémicos de la Cooperación Española